Piranesi: la desintegración y reintegración de la personalidad o sobre iniciaciones
Algunos de vosotros, que me conozcáis de hace ya tiempo, sabréis que me gusta mucho usar las obras de ficción como métodos para explicar conceptos sobre magia y esoterismo. Lo hago con obras que están claramente escritas por personas que sabían cosas, pero también por aquellas que surgen de personas que no sabemos si saben o que sencillamente se hacen eco de un conocimiento que corre por ahí, de una ciencia infusa esotérica.
Hace unos dias acabé de leer Piranesi, de Susanna Clarke. Es una novela muy buena, incluso sin tomar en consideración lo que explicaré a continuación. De hecho ha sido muy premiada (el Hugo, el Nebula, el World Fantasy... son palabras mayores) y ha sido admirada desde su publicación en 2020.
A partir de aquí vienen los spoilers. Intentaré hacer los menos posibles dentro del hecho de que voy a utilizar el contenido de la novela para explicar cosas.
La narración de esta novela se desarrolla a través de las entradas de diario de un hombre. Para empezar, la forma de contar el tiempo de este hombre es peculiar: numero de dia del numero de mes del año en que ocurrió tal cosa. Así comienza cada entrada... excepto las primeras, que el propio narrador nos dice que son extrañas porque fechaban en 2012, lo que no tenía sentido para él... Este hombre se llama a sí mismo Yo. No tiene otro nombre aunque reconoce que otra persona (que llama el Otro) le llame Piranesi.
El laberinto
Piranesi vive en un mundo que claramente no es nuestro mundo. Su Mundo (o la Casa) es un enorme laberinto de salas, portales y escaleras de mármol blanco, cuyas paredes están llenas de estatuas también de mármol en las que se representan personas, escenas y personajes mitológicos. Cada sala se abre a otras más. En cada sala hay tres niveles: el nivel medio es en el que vive habitualmente Piranesi, el nivel inferior que está más derruido y habitualmente anegado y el nivel superior, habitualmente lleno de niebla. En el nivel inferior hay riesgos inherentes a la profundidad del mar y el terreno inestable. El nivel superior puede tener el problema de no ver dónde se va y poder pisar en partes en las que no hay suelo. La metáfora de los tres mundos chamánicos, en el que el nivel medio es el mundo normal mientras que en el inferior está el mundo de la muerte y el subconsciente y en el superior el cielo y el supraconsciente es tal vez demasiado obvia.
El Mundo tiene las Salas, y tiene el Mar. De este Piranesi saca la mayor parte de los recursos que utiliza para sobrevivir. Y las mareas, que tienen su propia regularidad y que vienen de diversas partes, pueden subir y poner en peligro a alguien en el nivel medio si no sabe prever y ponerse a salvo de ellas. Esto ocurre al principio de la novela, y también al final,
Piranesi y la brujería de la conexión
La primera parte de la novela explica cómo es el Mundo, sus dinámicas y cómo las interpreta el personaje principal. Cómo vive conectado con ese mundo y percibe a su alrededor los diferentes eventos como mensajes. Esta tendencia sigue durante toda la novela. Piranesi mira a su alrededor y ve cosas. La casa diciéndole que algo es bueno o no, que tenga cuidado con algo o que va a ocurrir cierto evento según encuentra cosas y reaccionan los diferentes pájaros que ve.
En el Mundo hay trece muertos, dos vivos (Yo y el Otro) y el 16. El 16 es "la persona que vendrá", de la que hablaremos después. Pero por lo pronto, hablemos de los 13 muertos. Y no, no interpretaré esotéricamente los números. Hay 13 muertos, 13 esqueletos que Piranesi ha ido encontrando y que ha decidido cuidar. Como habitantes anteriores del lugar al que él pertenece, estos muertos son sus antepasados. Los mantiene limpios y enteros. En algunos casos ha reunido las piezas pequeñas de hueso en cajas (como el hombre de la caja de galletas) y en otros los ha dejado simplemente atados con cuero de pescado para que no se disgreguen. Los visita con frecuencia y les da ofrendas de agua y comida.
Además, habla con ellos. Les pregunta algunas cosas, y siente su rechazo o aprobación.
En resumen, en la primera parte del libro Piranesi es una persona totalmente integrada en un mundo extraño y solitario. Es un ser de su mundo. Está total y completamente integrado en él.
Pero no siempre fue un ser de su mundo.
La búsqueda
Como ya he comentado, en el Mundo hay dos vivos (Yo y el Otro). El Otro es un hombre mayor, con el que el protagonista se cita regularmente. Es elegante, bien cuidado, y regala a Piranesi productos manufacturados en ocasiones de necesidad. Al Otro no le gusta estar demasiado en el Mundo, y no explora las Salas como lo hace Piranesi. No sabe cuidar de sí mismo en el Mundo. Sin embargo, siempre que se reúnen es para hablar de una investigación común que llevan ambos a cabo: la búsqueda del Conocimiento de los Antiguos.
El Otro busca el poder que tenían los Antiguos y que perdieron en el tiempo. La teoría parte de un líder carismático, científico y visionario esotérico al mismo tiempo que el libro nos presenta en su segunda mitad: el Profeta. La idea es que en el pasado el Conocimiento existió y era accesible para los humanos, pero la era de la razón, la lógica, lo fue apartando del mundo. Como nada que tenga una existencia puede simplemente dejar de existir y este Conocimiento no aparece transmutado en otra cosa, simplemente debe haberse apartado del mundo. Esta deriva del Conocimiento a los márgenes creó su propio mundo alternativo, que sería el Mundo de Piranesi, el laberinto o la Casa.
Un conocimiento secreto que le daría acceso al Poder. Poder para manipular los intelectos inferiores, para ser invisible... para tener Poder, en resumen. Y Piranesi sigue al Otro en este trabajo, es leal y aplicado en ello, aunque no entiende por qué debería estar buscando ese Poder. El Conocimiento sí, por supuesto, ya que se considera un hombre lógico y de ciencia y el conocimiento es algo positivo de alcanzar. Pero no el poder. Es esta disparidad de opiniones la que hace que Piranesi empiece a pensar en si desea continuar la búsqueda, o si ésta es positiva.
Pero mientras Piranesi piensa en estas cosas, se describe la tendencia del Otro a hacer rituales. Rituales de alta magia, con elementos clásicos. Pero definitivamente, que el Otro diseña sobre la marcha. Envía a Piranesi a encontrar un lugar adecuado para hacer uno, que finalmente nunca realizará: un templo desde el que se vean las estrellas. Este ritual queda a medio diseñar, pero también se describe cómo el Otro ejecuta más rituales. Curiosamente el Otro aporta una parte técnica y no emocional del ritual. No cree ni necesita creer, el ritual funciona porque retrotrae la mente a una lógica paralela y es dentro del pensamiento paralógico en el que el ritual funciona. Lo cual no está demasiado lejos de cómo ocurre en la vida real. Es decir, el contexto ritual ayuda a llevar a la mente a un modo de funcionamiento en el que la magia es posible. Se trata de un cambio de conciencia.
En este punto, Piranesi es igual al Atreyu de la Historia Interminable ante la tercera puerta del Templo del Sur. Ha estado en la búsqueda, ha buscado, y cuando está a punto de llegar, abandona el deseo de conseguir el "premio". Curiosamente esta es la mejor forma de llegar a un Conocimiento. Porque no es algo que se aprenda, sino que se aprehende.
En el caso del Otro, jamás llega al Conocimiento. Su miedo de que otras fuerzas les impidan llegar a él (desde el Profeta hasta 16 pasando por el propio Piranesi) le hacen comportarse de modo agresivo y paranoico. Y al final, el Otro pierde la vida en la búsqueda, totalmente incapaz de dejarse perder para encontrarse a sí mismo.
La Desintegración y Reintegración de la personalidad
El mundo alternativo en el que vive Piranesi, en el que se desarrolla, es realmente especial. Permanecer en él durante un tiempo relativamente prolongado produce amnesia y pérdida de la sensación de la realidad. Es un mundo al que hay que entrar con una guía y que, consecuentemente, se debe salir de él con una guía, porque el perderte es algo seguro. A lo largo de la narración, hay dos tipos de personajes humanos: los que se dejan arrastrar por el mundo y los que no se dejan. Estos últimos son tres: 16, el Profeta y el Otro. Personajes que, sabiendo que el mundo hará que te pierdas, pasan en él la cantidad mínima de tiempo. Los otros, entre los que se encuentra el propio Piranesi, pasaron gran tiempo en el laberinto y el mundo erosionó y disolvió sus yoes -en su totalidad o en parte.
Se nos habla de tres casos cuyo final tenemos confirmado (hay un par de casos más que se mencionan pero que no se nos dan nuevas pistas para saber qué fue de ellos, si reintegraron o sencillamente murieron). Hablemos del Hombre de la Caja de Galletas.
El Hombre de la Caja de Galletas es uno de los muertos que habitan la Casa de Piranesi. Si bien no estamos seguros de quién era antes de entrar al Laberinto, sabemos que no salió. Tenía consigo un objeto (la caja de galletas) que en un diálogo el Profeta nos reconoce que fue suya, así que sabemos que es una de las personas que accedieron al Laberinto de la mano del Profeta, y sabemos que olvidó, desintegró, y nunca regresó.
El segundo caso es el pobre James Ritter. Ritter es una persona que es secuestrada y arrastrada hasta el Laberinto. Su espíritu no especialmente inquisitivo ni aventurero, solo es una víctima propicia, y no abandona la primera sala, quedándose siempre cerca de la salida. Sobrevive en el Laberinto durante el tiempo de su secuestro gracias a las visitas de su secuestrador (el que Piranesi llamará Profeta) con comida y otros recursos. La personalidad de James Ritter y sus recuerdos se ve afectada por el Laberinto de tal modo que se considera que se ha vuelto loco debido a la combinación de la experiencia del secuestro y un pasado de drogodependencia. A Ritter lo encuentra una limpiadora, tras una pared falsa en casa del Profeta, y ese caso hace que el mismo Profeta se vea encarcelado y cargando una fama infausta. La reintegración de Ritter en la sociedad es incompleta, porque no ha pasado por un proceso correcto para ello. Se le considera un enfermo mental, y se le encierra primero para después dejarlo libre sin mayor seguimiento. Ritter se muestra incapaz de volver a la sociedad. Al final encuentra un trabajo público en el que se siente medianamente seguro.... como vigilante de un edificio con grandes arcadas y pasillos de mármol blanco en el que hay estatuas de gran tamaño. En otras palabras, Ritter no terminó de salir del Laberinto. Es un fracaso en la reintegración de la personalidad.
El último caso es, obviamente, el propio Piranesi. Piranesi descubre, aún dentro del Laberinto y gracias a su espíritu analítico y su obsesión por anotar todo lo que ocurre, que ha olvidado cosas. Cosas importantes. Entre ellas, quién fue en el pasado. Una investigación en su memoria, la falta de ella, la historia e identidad del Profeta, el Otro y otros personajes en sus propias notas le llevan a descubrir que él fue un investigador universitario interesado por el culto y la historia negra del Profeta. Su nombre era Sorensen. Y en su ejercicio de introspección y análisis, descubre que si bien ya no se siente esa persona, Sorensen sigue en su interior. Tal vez dormido, pero aún vivo y completo. Él es otra cosa, que contiene a esa persona que fue. A partir de este hallazgo y poco a poco, Piranesi va integrando su identidad con su pasado.
Al conocer a 16, y tras el enfrentamiento con el Otro, Piranesi es dirigido con paciencia y ternura por la propia 16 hacia el exterior del laberinto. No es forzado (como el caso del rescate de James Ritter), sino que 16 le explica quién fue y le ofrece la opción de salir del Laberinto. Le habla de su familia y de las cosas que le esperan fuera, en el mundo real. Y le deja decidir. Poco a poco, Piranesi toma la decisión de salir. En el mundo real, Piranesi se da cuenta de que no puede volver a ser Sorensen, tal cual era Sorensen, pero que tampoco puede seguir siendo Piranesi, que es un ser del Laberinto. Se da cuenta de que necesita desarrollar una nueva personalidad que sea capaz de abrazar las dos anteriores, con todos sus conocimientos y lecciones. Así, Piranesi se reintegra al mundo real. No ha dejado de ser del todo sus personalidades anteriores, pero es una persona nueva. Piranesi ha sido correctamente iniciado.
Me gustaría destacar que tanto la desintegración como, sobre todo, la integración de la personalidad conllevan un proceso dilatado en el tiempo. Incluso fuera del Laberinto, incluso una vez "acabada" la iniciación, el proceso continúa y Piranesi va integrando visiones de las estatuas del Laberinto, significados que descubrió allí dentro, en el Mundo real, en la conciencia ordinaria.
De hecho, Piranesi no abandona del todo el Laberinto, sino que toma la responsabilidad de seguir cuidando de los muertos (ahora ya 14) y dándoles culto. Y también se compromete a acompañar a Ritter para que vaya visitando el mundo y de este modo vaya estabilizándose psicológicamente.
Bonus Track: Los iniciadores irresponsables
Al final, tanto el Profeta como el Otro son iniciadores de otros. Han abierto las puertas al Mundo a las demás personas. Pero también las han abandonado allí.
Ambos son personas con graves defectos de personalidad que los lleva a ser muy irresponsables. Ambos son egocéntricos y ambos buscan locamente el reconocimiento.
El Profeta es el desarrollador original de la teoría que abre el Laberinto. Es inteligente y perspicaz, pero es un narcisista. Necesita saber que controla a los demás. Desarrolla todo un culto a la personalidad en el que él es el centro absoluto. Es revolucionario, pero de un tipo de revolución que no lleva a ninguna parte. Hace cosas solo por demostrar que puede hacerlas. Si bien se supone que busca el Conocimiento, no le interesa realmente alcanzarlo, solo que se le encumbre como el pensador del siglo.
El Otro es un seguidor del Profeta que sale del culto a la personalidad con una enorme carga de rencor. El Otro busca el Conocimiento como un medio para tener poder. Probablemente el tipo de poder que sí tuvo el Profeta dentro de su culto. Es una persona con una autoestima bajísima que intenta encubrirla ante sus propios ojos con una enorme dosis de orgullo y ego mal entendido.
Ninguno de estos dos perfiles de personalidad son adecuados para guiar o facilitar a otros en un proceso tan complejo y delicado como el de la iniciación. El iniciador es una persona con una enorme carga de responsabilidad, que debe cuidar del bienestar psíquico, emocional, mental y también físico de las personas que llevan al trance de la disolución de la personalidad.
Hasta aquí mi humilde análisis de esta brutalidad de novela. Gracias por llegar hasta aquí. Y recordad, cuidado con quién permitís que os lleve a un proceso de desintegración y reintegración de la personalidad.
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